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PROBLEMA DE LÍMITES
FEBRERO 2010 FUENTE: LIBRO "LIMITES" ; por los autores: Dres.HENRY CLOUD Y JOHN TOWNSEND Los conflictos de límites de ningún modo comprenden únicamente a quienes “no saben decir que no”.
COMPLACIENTES: DICEN “SÍ” A LO MALO
Cuando los padres enseñan a sus hijos que es malo fijar límites o decir que no, les están enseñando que los demás pueden hacer con ellos lo que se les antoje. Envían a sus hijos indefensos a un mundo lleno de maldad. Maldad que se manifiesta en personas controladoras, manipuladoras y explotadoras. Maldad que toma la forma de tentaciones.
Para sentirse seguros en este mundo malvado, los niños necesitan fuerza para decir cosas como: - NO - NO ESTOY DE ACUERDO - NO LO HARÉ - PORQUE NO QUIERO - DEJA DE HACER ESO - ME DUELE - ESTA MAL - ES MALO - NO ME GUSTA CUANDO ME ACARICIAS AHÍ Si se bloquea la facultad de los niños para decir que no, se los discapacita de por vida. Los límites de los adultos discapacitados, tienen esta primera lesión: dicen que sí a lo malo. Esta clase de conflictos de límites se conoce como complacencia. Las personas complacientes no tienen límites bien definidos y precisos: se “funden” con las exigencias y necesidades de los demás.
No son independientes, distintos de las personas que desean algo de ellos. Las personas complacientes, por ejemplo, hacen creer a todos que les agradan las mismas películas y los mismos restaurantes que a sus amigos para “seguirles la corriente”. Minimizan las diferencias con los demás para no causar ningún problema. Las personas complacientes son camaleones. Después de un rato, no es posible diferenciarlos del medio. La incapacidad de decir “no” a lo malo es invasora. No solamente nos impide rechazar la maldad en nuestras vidas, sino que suele inhabilitarnos de reconocer la maldad. Muchas personas complacientes toman conciencia demasiado tarde que tienen una relación peligrosa o abusiva. Su “radar” emocional y espiritual está dañado: no saben cómo cuidar su corazón. Esta clase de problema de límites paraliza los músculos del “no”. Siempre que tengan que defenderse diciendo que no, la palabra se les atraganta. Hay diversos motivos: - Temor a herir los sentimientos de los demás - Temor al abandono o la separación - Deseo de ser plenamente dependiente de otro - Temor a la ira del otro - Temor al castigo - Temor a pasar vergüenza - Temor a ser considerado malo o egoísta - Temor a no ser espiritual - Temor a una conciencia demasiado estricta o crítica (este último temor se expresa como culpa). EVASORES: DICEN “NO” A LO BUENO Se distingue el problema de límites llamado EVASIÓN: que es decir no a lo bueno. Es la incapacidad para solicitar ayuda, para reconocer las propias limitaciones, para recibir ayuda. Las personas evasoras se retraen cuando más necesitan algo: no solicitan apoyo de los demás.
¿Por qué es la evasión un problema de límites?, la dificultad radica en confundir los límites con uros. Las personas cuyos límites son muros no pueden permitir el ingreso ni del bien ni del mal. Nadie los puede tocar. Existen algunas personas que son complacientes y evasoras al mismo tiempo: “cuando alguien me pide que me quede cuatro horas con él, no puedo rehusarme. Cuando necesito que alguien pase diez minutos conmigo, no se lo puedo pedir. Los evasores complacientes sufren de “límites invertidos”. No tienen límites donde lo necesitan y tienen límites donde no deberían tenerlo.
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